Lo peor está por llegar: el paro irá al 22,4% y el déficit público, al 11,8 del PIB

La economía española vive inmersa en un proceso de ajuste de una intensidad sin precedentes y sin visos de recuperar tasas de crecimiento cercanas a su potencial a corto y medio plazo. Esta situación llevará a una caída del 1,6 por ciento del Producto Interior Bruto en 2010, con un déficit del 11,8 por ciento.

El desplome de la construcción, el alto endeudamiento de familias y empresas facilitado por unas condiciones financieras exuberantes durante la bonanza, una estrategia fiscal demasiado expansiva para la posición cíclica de la economía nacional y la ausencia de reformas estructurales en los mercados de productos y, sobre todo, en el laboral han agudizado la dinámica de desaceleración de la actividad española hasta sumirla en una profunda recesión. La combinación de esos factores en un entorno de restricción de liquidez en los mercados crediticios globales configura un proceso en el que la adaptación a la situación se produce a través de fuertes caídas de producción y de empleo.

Son algunos de los aspectos tratados desde distintas posturas, por los expertos del Observatorio deCoyuntura de elEconomista, entre los que se encuentran Lorenzo Bernaldo de Quirós,Gregorio Izquierdo, Federico Prades,Gonzalo Solana, Fernando Fernández,Manuel Balmaseda, Ángel Laborda, Rafael Domenech y Antonio Cortina.

¿Cuánto tiempo tardará?

En este escenario, la pregunta fundamental no estriba ya en determinar cuál será la contracción del PIB, sino en cuánto tiempo se tardará en volver a la senda de crecimiento estable y sostenido capaz de generar empleo.

A la vista de los principales indicadores, elEconomista prevé un retroceso del PIB en 2009 de alrededor del 4 por ciento. Esta proyección es similar, aunque algo más negativa, que la del consenso de los analistas. La caída no es mayor gracias al desplome de las importaciones, que permite augurar una aportación positiva del sector exterior al crecimiento del PIB de casi dos puntos. Esto significa un retroceso de la demanda nacional próximo al 6 por ciento. La inversión en equipo caerá a tasas cercanas al 30 por ciento, mientras que la inversión en construcción lo hará cerca del 11 por ciento.

En estas condiciones, es preocupante que los costes laborales sigan creciendo a tasas del 3 por ciento, sobre todo en un contexto de fuerte desinflación como el que experimentará la economía española en 2009. La inflación media del año se situará en el -0,3 por ciento, salvo que se produzca una sustancial elevación de los precios de petróleo.

El peor trimestre

El ajuste experimentado en el primer trimestre ha sido abrupto y mucho mayor que el de anteriores etapas recesivas. Lo ha sido tanto en términos de actividad económica ?donde estamos considerando como ?normales? descensos de la producción industrial superiores al 20 por ciento?, como de precios?revirtiendo el diferencial crónico con nuestros socios europeos? y de empleo, con tasas de paro que se han duplicado en menos de un año. El ahorro de las familias ha respondido con un fuerte movimiento alcista a la crisis y ha recuperado tasas positivas que se han visto compensadas por el rápido aumento del endeudamiento del sector público. Esto ha inducido una corrección bajista del déficit por cuenta corriente, más de cuatro puntos, que, no obstante, es demasiado abultado para una economía en recesión.

Un déficit externo de las dimensiones del español es extraordinariamente preocupante. Refleja la vulnerabilidad del crecimiento futuro si no se produce una recuperación de los mercados de crédito internacionales, y España no es capaz de restaurar una posición financiera intertemporal sostenible, punto sobre el que existe una considerable incertidumbre a la vista de la evolución de las cuentas públicas. El déficit de ahorro nacional supone un lastre duradero para la recuperación. Al mismo tiempo, el sector exterior puede yugular el crecimiento nacional a pesar de que España forme parte de la Unión Económica y Monetaria. El riesgo devaluatorio ha desaparecido, pero no así la posibilidad de que se produzca una súbita contracción de los flujos de capital recibidos por la economía española si ésta sigue incumpliendo su restricción presupuestaria intertemporal.

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